Para poner freno al tumor, que era muy agresivo, fue necesario someterme a quimioterapia, radioterapia y una mastectomía. Por entonces sufría las consecuencias de todos esos tratamientos y estaba agotada física y emocionalmente: dolor por quemaduras de radioterapia, cansancio severo y trastorno alimentario. Los medicamentos me aliviaban pero me impedían llevar una vida activa normal.

Necesitaba volver a tomar las riendas de mi vida, criar a mi hijo, salir del círculo de enfermedad y sonreir por dentro. 

La Calma cumple la promesa de su nombre. En ese bello entorno, en esa sencillez y cálido acogimiento, recibí las preciosas iniciaciones de Morelia quien abrió las puertas de mi espíritu a los beneficios de la sanación y la meditación. 

Ese fue el principio de mi recuperación. No puedo explicar con palabras lo que sentí en esos días y la fuerza de las herramientas que Morelia, con tanto cariño, puso en mis manos con su buen hacer de armonía.  

Yo estuve enferma, pero ya no soy una persona enferma.

Gracias de todo corazón por ayudarme a “fabricar” mi propia salud y alegría.